Control School

Una necesidad real
Control de buses escolares
Tarde de invierno como cualquier otra, la peque, de dos añitos, regresaba del cole en la ruta. Como cada día, la señora que acompaña a los niños en el autobús quedó en llamarme para que su cuidadora saliera con su hermanita a recogerla, y así que no se quedarán pajarito esperando (a veces hasta media hora con resultado de catarros, toses, y bronquiolitis varias). Y la llamada que no llega. A todo esto, yo con mis jefes en una reunión de corte interminable. Pasan los minutos, que se me hacen horas, y por fin me llama mi marido. "¡Qué te han estado llamando y como no respondías se han llevado a la niña!", me dice -encima- de lo más enfadado. Y yo con mi teléfono delante -sin ninguna llamada perdida- no daba crédito a lo que sucedía. Lo de menos es que me endilgaran la responsabilidad de no haber avisado, lo de más era que mi hija estaba ¡secuestrada por la ruta! En medio de la reunión -que allí seguía- me empecé a abanicar y a intentar clarificar la situación. La niña seguía una ruta por todo Madrid y el destino final era de vuelta al colegio. Aunque tenía una excusa de lo más fundamentada para salir pitando del trabajo, sólo en coger el coche, sortear el atasco y llegar hubiera tardado cerca de una hora. No era factible.

A todo esto, yo me imaginaba a la peque con sus dos añitos desamparada en su periplo por la ciudad, y muerta de hambre sin su merienda (la realidad era que estaba de lo más distraída y que cuando le doy la merienda me dice que "pa"ti!). Intento hacer alguna llamada para ver si tenía algún familiar disponible para ayudarme en esta crisis, y se cumplía a rajatabla la ley de murphy. Imposible. A todo esto, entraba y salía de la reunión con el gesto demudado y utilizando documentos como abanicos. Había agotado la vía del diálogo, cuando decidí que hasta ahí habíamos llegado. Así que saco la loba que tengo dentro -casi nunca enseña las uñas- y llamo a la susodicha. Para empezar, le dejo claro que no me había avisado. Y efectivamente, marcaba el teléfono con un número equivocado. Para seguir, no podía tener a mi hija de dos año dando vueltas por Madrid por un error suyo y encima decirme que la va a dejar en el colegio (no sé dónde ni a quién) y para terminar saco la carta de las amenazas de la manga y le digo que la voy a acusarla de "secuestro" y que la haré directamente responsable a ella de cualquier cosa que le pudiera a pasar a la niña. ¡Toma ya! Ahora lo recuerdo y me muero de la risa, pero teníais que verme. Como una fiera. Yo pensaba que se iba a reír de mí en mi cara, pero surtió efecto. Me dijo que la niña sería la última en "entregar" -cual paquete-, pero que la dejaría en casa. Reconozco que me pasé todos los pueblos, pero en mi estado de shock no podía hacer otra cosa. Mis jefes debieron alucinar, pero a lo mejor también pensaron que era una mujer de carácter. Y eso nunca está mal.
Por cierto, la niña, feliz de la vida. El trauma queda para su madre.
Relato real, fuente del testimonio: http://www.charhadas.com/publicacion/ver/id/7894
Bus escolar
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Toda la tranquilidad que los padres necesitan!
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Como Funciona....